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Per Antonium ad Jesum
A
través de Antonio, a Jesús.. Éstas son
las memorables palabras usadas por el Papa Pío XI en
el año 1930, con ocasión del séptimo centenario
de la muerte de San Antonio.
Y de verdad ésta es la misión de San Antonio,
el Santo extraordinario que, en el misterioso proyecto de
la divina Providencia, es todavía hoy un gran maestro
de vida espiritual, un ejemplo vivo de virtud y santidad,
un poderoso intercesor delante de Dios.
Nosotros sabemos bien, como la Sagrada Escritura y la Iglesia
nos enseñan, que el único Mediador entre Dios
y los hombres es Jesucristo. Pero nosotros sabemos también,
para nuestro gran consuelo, que los Santos, nuestros hermanos,
han intentado imitar a Jesús a la perfección
durante su vida terrena y, viviendo una vida de fe y de caridad
heroica, han inclinado su vida hacia Dios y hacia sus hermanos.
Ahora, junto a Cristo en el paraíso, ellos son modelos
a imitar y son nuestros intercesores.
Por dicha razón, el Concilio Vaticano II enseña
que "La Iglesia proclama el misterio pascual realizado
en los santos que han sufrido y han sido glorificados con
Cristo. La Iglesia propone a los fieles sus ejemplos que llevan
a todos hacia el Padre a través de Cristo y, a través
de sus méritos, implora los beneficios de Dios"
(Sacrosantum Concilium, n.104).
Lo que es verdad de todos los santos es verdad sobre todo
para San Antonio, que la gente de Padua llama simplemente
"El Santo". Él fue invadido por un ardiente
amor hacia su Señor, se sumergió en el espíritu
del Evangelio, lo vivió en primera persona, predicándolo
por todas partes por medio de sus sermones, lo explicó
en sus escritos, y así mereció ser proclamado
"Doctor evangélico" por la Iglesia.
También hoy el Santo sigue siendo lo que fue durante
su existencia terrena: una luz y un guía para el pueblo
cristiano. También hoy de él emana un mensaje
de salvación: el mensaje para obtener, mantener y aumentar
la gracia divina.
Aquellas personas que han visitado la Basílica de
Padua, donde está su tumba, pueden testimoniar que
San Antonio es de verdad para mucha gente una invitación
a volver al Señor, a convertirse, a iniciar una nueva
vida.
Durante todo el año muchísimos peregrinos van
a Padua para rezar delante de la tumba del Santo. A él
encomiendan sus sufrimientos, sus ansias, sus esperanzas y,
cuando se van, éstos se van llevando consigo confortación
y consuelo.
La oración que se eleva a San Antonio es simple, inmediata,
y al mismo tiempo necesita luz y purificación. Sin
embargo, es sin duda alguna un camino al alcance de todos
para acercarse a Dios. Muy a menudo, de hecho, las personas
simples y humildes son las que mejor saben hallar el camino
para encontrar al Señor , más que los sabios
o los grandes.
Estas páginas han sido pensadas y están dedicadas
a todos aquellos que desean expresarse de forma simple e inmediata
a San Antonio y así llegar al Padre.
Si quieres hacerlo inmediatamente.
El amigo San Antonio escuchará
tu corazón.
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