"Oración es dirigir nuestros
afectos hacia Dios; es un devoto y amistoso hablar con
Él. Es la tranquilidad de la mente iluminada
desde arriba.
Oración es pedir para obtener los bienes temporales
necesarios para esta vida terrena. Pero los que rezan
piden al Señor con auténtico espíritu
cristiano que someta la propia voluntad a la suya: sólo
el Padre celestial sabe qué necesitamos de verdad
en esta tierra.
En definitiva, Oración es dar gracias, o sea
reconocer los beneficios recibidos, y ofrecer todo nuestro
empeño a Dios, para que nuestra oración
pueda ser permanente".
El Señor se manifiesta a sí mismo delante
de los que se detienen durante un poco de tiempo en
paz y humildad de corazón. Si miras en las aguas
turbias y turbulentas, no puedes ver la expresión
de su rostro. Si quieres ver el rostro de Cristo, detente,
guarda tus pensamientos en silencio, y cierra la puerta
de tu alma al ruido de las cosas externas.
El saludo de los ángeles y las bendiciones de
Dios no son para los que viven en la plaza pública,
o sea, hacia fuera, agitados y distraídos. El
dulce "Ave" fue dirigido a la Virgen María
cuando ella estaba absorbida en la oración, en
la amparo de su casa. Dios, para ser capaz de hablar
al alma y llenarla con el conocimiento de su amor, la
conduce a la soledad, separándola de las preocupaciones
de las cosas terrenas. Él habla al oído
de los que están en silencio, y los deja participar
en sus secretos".
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